Museo Nacional de Antropología, una excursión que no deben perderse los colegiales

Mucho ha cambiada la forma de impartir una clase en las primarias y ya ni se diga con las nuevas tecnologías, el cambio ha sido radical en muchos aspectos.

Y entre esos cambios he notado también las experiencias de las llamadas visitas escolares.

Recuerdo que uno de los lugares a donde fuimos todo el salón en uno de unos autobuses fue al Museo Nacional de Antropología.

La experiencia fue única para nosotros porque para empezar, estábamos saliendo de la escuela (cosa que decía que no tendríamos clases), después porque estaríamos viajando todo el grupo por la ciudad en un autobús lejos de casa y sin papás… una aventura ya hasta aquí.

Y después fue llegar a un lugar enorme y hermoso. Todo eran tan grande para nosotros que al principio nos impactó.

Recuerdo que comenzamos a caminar por grupos en cada una de sus salas y no alcanzamos a recorrerlo todo.

También recuerdo esa sensación especial de ver en vivo lo que estábamos viendo por fotos en clase (cosa que ahora los niños lo pueden tener un poco más vívido con las imágenes y la computadora).

En fin, esa es una de esas experiencias infantiles y escolares que se te quedan muy guardadas en la memoria.

Y no es para menos, ahora que lo he visitado ya de adulto y con más calma tengo mucho más claro el impacto que tiene este museo, especialmente a nivel internacional.

Si no lo conoces, te ubico un poco, este museo de clase mundial se encuentra en una extensión del Bosque de Chapultepec.

Su largo patio rectangular está rodeado por tres lados por salas de exhibición de dos niveles.

Las 12 salas (salas) de la planta baja están dedicadas al México prehispánico, mientras que las salas de los niveles superiores muestran cómo viven hoy los descendientes indígenas de México, con las culturas contemporáneas ubicadas directamente sobre sus civilizaciones ancestrales.

El vasto museo ofrece más de lo que la mayoría de la gente puede absorber en una sola visita (tal como nos pasó).

Todo se muestra magníficamente, con mucho texto explicativo traducido al inglés. En la entrada, encontrarás el punto de partida para visitas guiadas gratuitas de una hora (cuatro diarias, excepto los domingos, de 10:30 a.m. a 5 p.m., se recomienda reservar).

El mejor lugar para comenzar es la Introducción a la Antropología y comenzar desde la izquierda.

Los primeros pasillos son introducciones a la antropología en general, y demuestran cómo los primeros pobladores del hemisferio llegaron aquí y se desarrollaron desde la vida de caza nómada hasta una existencia agrícola más asentada en las tierras altas centrales de México.

Muchos visitantes con poco tiempo saltan directamente a la sala de Teotihuacán mostrando modelos y objetos del primer gran y poderoso estado de las Américas.

Esto luego se traslada a Los Toltecas, que muestra una de las cuatro columnas de guerreros de basalto del Templo de Tlahuizcalpantecuhtli de Tula.

La siguiente sala está dedicada a los mexicas, también conocidos como aztecas. Aquí puedes ver la famosa piedra del sol, desenterrada bajo el Zócalo en 1790 y otras magníficas esculturas del panteón de las deidades aztecas.

Los pasillos que siguen muestran el excelente legado de civilizaciones de Oaxaca y el Golfo de México, incluidas dos esculturas de piedra de cabeza olmeca que pesan casi 20 toneladas.

Si te apresuras por las exhibiciones mayas de México, Guatemala, Belice y Honduras, asegúrate de no perderte la impresionante réplica a gran escala de la tumba del Rey Pakal, descubierta en lo profundo del Templo de las Inscripciones en Palenque.

La fuente de columna gigante en el patio se conoce como el paraguas y actúa como un recordatorio de la conexión con la naturaleza.

Cada lado representa una escultura diferente: este muestra la integración de México; oeste, México exterior; y norte y sur, la lucha por la libertad en los pueblos de México.

En un claro a unos 100 metros frente a la entrada del museo, los indígenas totonacas realizan su espectacular rito los voladores de Papantla quienes se cuelgan para volar atados a una cuerda desde un poste de 20 metros de altura, esto cada 30 minutos.

Fuentes complementarias: Youtube | masdemx.com | arquiplus.com | natgeoultimateexplorer.com.mx | monografias.com

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